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SALLE CROG-CARVEN (2ª. parte)

14 comentarios

Salle Crog-Carven (1º. parte)….

Entonces comencé a contarle lo mucho que me gustaba el invierno y que me encantaba aquella sensación de vulnerabilidad ante su acción, aunque también me asustaba bastante.  Increíblemente me entendió a la primera, me resultaba muy fácil hablar con él y me encantaba escuchar las cosas que me contaba.  Hablamos rato y rato sin dejar de ver cómo el invierno cambiaba algo más que el paisaje:  estaba cambiando nuestras vidas.  Sin darnos cuenta había anochecido.

De pronto se fue la luz.  Yo me sobresalté un momento hasta que una mano sujetó la mía.  Noté que nada malo podía pasar, pero entre el resto de la gente comenzó a cundir el pánico debido no sólo a la falta de luz sino a la falta de calefacción.  Cogí el móvil de Héctor y alumbré algo en la sala.  Pronto todo el mundo hizo lo mismo, pero el ambiente no se calmó.  Intenté que me escucharan pero todos hablaban a la vez cada uno más alto que el otro.  Era un caos.  En ese momento Héctor hizo un ruido enorme al romper una silla para que se callaran todos.  Gracias a eso, conseguimos con ayuda del guarda, que la gente se relajara y decidimos ir a buscar algo de luz, mantas, ropa, comida…, ya que justo antes del apagón en las noticias habían dicho que esto duraría días y que era imposible salir a la calle bajo ninguna circunstancia.  Además los servicios de rescate se encontraban totalmente inutilizables.  De modo que sólo podíamos resistir y esperar a que pasara la tormenta.

Nos dirigimos a la zona de los restaurantes y tiendas.  A cada paso que dábamos disminuía la temperatura.  Se habían roto varias ventanas de la planta calle y la nieve cubría el suelo del museo.  Esto dificultó muchísimo nuestro camino.

Tuvimos que bajar por unas escaleras heladas y resbaladizas, a mitad de las cuales el guarda cayó al suelo a causa del hielo.  Pensé que se había matado pero por suerte sólo tenía un moratón en la frente.  Esto hizo que nos diéramos cuenta de lo grave de la situación.  Ninguno lo decía pero estábamos los tres asustadísimos.

Aquella situación se parecía cada vez más al invierno de Nicolas Poussin y lo único que me consolaba era pensar que tarde o temprano veríamos el arca.

Por fin llegamos a los restaurantes.  Cogimos una gran cantidad de comida y luego fuimos a las tiendas a por ropa de abrigo para todos.  Lo metimos todo en unas cajas que atamos y llevamos arrastrando durante el camino de vuelta.  Subir las escaleras nos parecía imposible, estábamos los tres de pie mirándolas, buscando su punto débil, hasta que comprendimos que o nos movíamos de allí con o sin plan para subir, o el frío se apoderaría de nosotros y ya no podríamos continuar nunca.

Comenzamos a subir.  Íbamos poco a poco, asegurando las cajas a la barandilla para que no cayeran.  Yo ya no podía más.  No sentía las manos, ni los pies.  No me quedaban fuerzas.  Intenté dar un paso más, pero no pude, caí.  Sin poder hacer nada para evitarlo, me iba deslizando escaleras abajo, hasta que la misma mano que antes me había hecho comprender que no iba a pasar nada malo, me sujetó y tiró de mi hasta arriba.  Al llegar al final de las escaleras, caímos los tres al suelo sin poder movernos.  Conseguí llegar hasta una de las cajas y saqué algo de comida para reponer fuerzas.  Tras esto, aunque con dificultad, pudimos seguir la marcha.  Al poco rato de camino vimos a tres personas de las que se había quedado en la habitación, que habían venido a buscarnos.  Realmente no sé qué habríamos hecho sin ellas.  Yo no recuerdo nada más hasta que me desperté en un sofá de la Salle Grog-Carven.  Me dolía todo.  No tenía muy claro si todo había sido un sueño o si era real.

Al abrir los ojos lo primero que vi fue la cara de Héctor sonriéndome desde otro sofá.  No había sido un sueño, y a pesar de lo mal que me encontraba me alegraba por ello, ya que si no hubiera sucedido, nunca habría comprendido que me equivocaba con Héctor.  Me había equivocado con él desde el primer día.  No se puede prejuzgar a las personas.  Antes de hacerse una idea sobre ellas hay que conocerlas de verdad.

Habían pasado la primavera, el verano y el otoño, pero fue necesaria la fuerza del invierno para que lo comprendiera.  Gracias al invierno y a su carácter testarudo pude ver lo que en realidad sentía por Héctor.

En el preciso instante en el que lo pensé dejó de nevar y un leve rayo sol cruzó la habitación.  Por fin llegaba el arca que tanto había esperado.  Esto cambió por completo el ambiente que teníamos, que pasó del miedo, la desesperanza, el cansancio… a un ambiente alegre, esperanzado, feliz.  Corrimos todos a las ventanas para ver con nuestros propios ojos como el invierno se retiraba tras haber cumplido su labor.

Al rato, la gente se fue marchando, pero Héctor y yo nos quedamos contemplando el paisaje tras la ventana tal y como habíamos hecho antes.  Bueno, no exactamente igual, ya nada sería igual para ninguno de nosotros.

Aquél día comprendí muchas cosas sobre mí, sobre el invierno, sobre la vida y sobre cómo debemos cuidar de la misma.  Me di cuenta de la fuerza que tiene el invierno, y que es inútil interponerse en su camino.  Sabe lo que quiere y lo consigue.  Tiene alma de artista y en esa ocasión nosotros habíamos sido su obra de arte….

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14 pensamientos en “SALLE CROG-CARVEN (2ª. parte)

  1. ho la soy pilar cuanto dis fruto aora que mese meter en la pandilla estas cosasas que man dais nos gus tan mucho son u nas fotos bonitas unbeso y un abrazo para toda la pan dilla

  2. yo pre fiero el berano jose tan bien prefiere elberano por que los campos estan mas bonitos y parece que elcorazon tepal pita me jor berano en el inbierno tines todo el cuerpo en cojido la niebe tan bien nos gusta mucho que bonita es labida en to das las e po cas del haño os desea mucha felicidaz el resto de toda bida pilar y jose

    • Gracias, chicos. Pilar, me alegro de que hayas aprendido a entrar al blog. A partir de aquí, es cuestión de práctica.
      Yo creo que todas las épocas del año tienen su belleza, igual que la tienen todas las épocas de la vida y en todas ellas se puede disfrutar. Cierto que en el invierno hace más frío, pero también es la época en que se puede dedicar más tiempo a las visitas, a compartir cafés con los amigos, a leer, a ver películas, a pintar, tocar la guitarra, y muuuuuchas cosas más…todo aquello que en el verano no nos da tiempo porque andamos todo el día de acá para allá, de la playa a la montaña etc. etc.
      No vale perderse ni uno sólo de los días. A veces, uno se asoma a la ventana y dice: “¡Qué día más malo!. Sería cuestión de preguntarse ¿malo, para qué?. Los únicos días malos son aquellos en los que no somos felices, en los que no sonreímos y en los que no nos levantamos por la mañana con una ilusión, aunque sea pequeñita.
      Un caluroso abrazo que ayude a entrar en calor en este frío día de invierno.
      Anabel

  3. Precioso final y “bella” reflexión. Días buenos, días malos…..Ana, no, claro que es nuestra actitud lo que los hace mejores o peores. Pero……acaso el sol no levanta el ánimo? Acaso la luz no despierta la energía? Acaso el calor no desentumece los huesos? Acaso la sonrisa no llega más fácil en verano que en invierno?
    Hemos de amar las estaciones que llegan por el hecho de que lleguen y nos acojan. Hemos de aceptar cómo las vivimos y pensar: “luego pasará”. Todo tiene su belleza, son nuestros ojos los que han de saber apreciarla.
    Bienvenidos a José Y Pilar, y como bien dicen, hemos de vivir la vida en cualqier época del año. Yo, lo digo con una sola frase: “Carpe Diem”.
    Sed felices.
    María José

  4. No, si al final me tendrá que gustar el otoño y el invierno (jajjaja)

    Precioso relato y buena reflexión Elisa. La vida está compuesta de todas las estaciones y hay que sacar lo mejor de cada una de ellas.

    La primera vez que viajé a parís fue con Anabel y hacía un frio de…jejeje ¡Hummm, que buenos recuerdos me trae! Esos días en los que “no tenía nada y lo tenía todo”.

    Un besico amigas!

    • Es verdad, Susana. No teníamos nada. Ahorrábamos sin salir durante mucho tiempo para pagarnos esos viajes en Navidad (en autobús, alojados en guarderías, familias o colegios…) pero todo nos daba igual. Teníamos 18 años, muchas ganas de ver mundo, conocer gente y de vivir. De todo ello, lo único que ha cambiado es la edad. Lo demás, no sólo está intacto, sino crecido por la experiencia y las vivencias.
      ¡Somos más jóvenes ahora!
      Gracias a Elisa por acercarnos esos tiempos.

      • Anabel, cada vez me cuesta menos asumir que el tiempo pasa, (antes me costaba más) porque he aprendido a valorar lo ya he vivido, lo que me ha dado la vida, y los recuerdos y experiencias. Y si supe ser feliz en tiempos de penurias, imagínate ahora que soy rica y aun me queda la botella medio llena jajajajaj.

        Un besico amiga!

  5. Pues yo, ni frío ni calor… me quedo con la Primavera y el Otoño ¡Hala! Para hacer fotos son las mejores épocas del año 😉

    Bueno, al final el mañico no nos ha defraudao ¿eh? El final me encanta: “Tiene alma de artista y en esa ocasión nosotros habíamos sido su obra de arte….”

    Besos mil.

  6. Quiero que sepais que este relato fue escrito por mi hija Elisa hace dos o tres años y que pertenece al libro “Almanaque de las estaciones” en el que participó con varios compañeros de Instituto, coordinados por uno de sus profesores.
    Lo digo porque algunas de las personas que lo han leído me han dicho que no lo sabían.
    A mi me gusta mucho. Hay en el libro una serie de relatos preciosos de algunos de sus compañeros. Si nos lo permiten, iremos poniendo alguno.

  7. Si no lo saben, eso es porque no han leído la primera parte… ¡muy mal!. 😉

    Allí si que hacemos mención a la autora y al libro.

    Besos.

  8. Interesante lectura!! Bueno, mi estación preferida está por determinar, pero se debate entre el Otoño y la Primavera (aún con alergias varias)…pero me gusta tanto la nieve!! Y disfruto tanto con algunos momentos del verano…No sé…creo que todas tienen su encanto.
    Un abrazo grande!!

    • Hola María,

      Gracias por pasarte y me alegra que te haya gustado el relato de Elisa.

      Veo que nuestros gusto por las estaciones coinciden. Y como ya han dicho por ahí arriba, lo bueno es intentar disfrutarlas todas.

      Un beso.

  9. Pingback: OTOÑO DE VIDA | AventArte

  10. Pingback: COMO AGUA DE PRIMAVERA | AventArte

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