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LA PRINCESA PRESUMIDA

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Castillo de Loarre / Loarre Castle//embedr.flickr.com/assets/client-code.jsHace muchos, muchísimos años, en un pequeño y lejano país vivía la princesa Pirlipatina.

Era muy hermosa, pero desgraciadamente vivía demasiado pendiente de su belleza y no reparaba en gastos a la hora de encargar vestidos, aceites o perfumes, mientras su pueblo vivía en la miseria.

Su madre había muerto cuando ella nació y su padre, un rey justo y bondadoso, había vivido demasiado pendiente de su hija y ésta, a base de zalamerías o de berrinches conseguía siempre lo que se proponía.

El Rey estaba preocupado porque el pequeño reino no podía permitirse gastar tanto dinero en fastuosas fiestas, joyas, vestidos y caballos que eran otra de las grandes aficiones de la Princesa.

Había intentado varias veces hablar con ella, pero Pirlipatina, o bien no le hacía ningún caso, o se enfadaba con él y estaba mucho tiempo sin hablarle, cosa que el Rey no podía soportar, y terminaba accediendo a los caprichos de su hija.

Una tarde, la princesa Pirlipatina había salido a pasear en su caballo favorito y, como siempre, había conseguido burlar a sus acompañantes ya que le gustaba cabalgar sola. Llevaba un precioso vestido blanco, no muy adecuado para montar a caballo ni para una tarde tan fría, como le había dicho su dama de compañía, pero como era el último vestido que le habían hecho no pudo resistirse a estrenarlo.

De repente, estalló una terrible tormenta y el caballo se asustó. Salió corriendo sin que Pirlipatina pudiese detenerlo, por caminos que ella no conocía, hasta que consiguió hacerla caer y siguió su galope sin hacer caso a sus llamadas.

La Princesa se encontraba en un bosque muy frondoso. No se veía a ninguno de sus acompañantes, ni contestaron a sus gritos, aunque estos eran cada vez más fuertes.

Comenzó a caminar en busca de cobijo, porque llovía a cántaros y la noche estaba cada vez más cerca.

Su vestido estaba roto y lleno de barro y el peinado, para el que había necesitado dos doncellas durante toda la mañana, parecía un nido de pájaros, sucio y desgreñado.

Al final, cuando ya se encontraba totalmente agotada, divisó a lo lejos una débil luz y hacia ella se encaminó lo más deprisa que pudo. Era una casita pequeña y muy pobre, llena de agujeros por los que se filtraba toda el agua de la lluvia, pero aún así, era mejor que estar a la intemperie.

Llamó a la puerta y salió a abrirle una mujer, todavía joven, con un niño en los brazos.

-¿Qué deseas? Le dijo.

Soy la princesa Pirlipatina y necesito que envíes urgentemente un correo a mi padre para que venga a recogerme.

La dueña de la casa la miró de arriba abajo y al verla con esos harapos le dijo:

Tu no eres la Princesa. Ella, jamás iría con esas ropas tan sucias, pues dicen que es muy presumida, ni creo que hubiese sido tan tonta como para aventurarse a salir sola en una noche como esta. Además, estás muy lejos del castillo. Pero de todas formas, pasa. No tengo mucho que ofrecerte pero dentro se está algo más caliente.

Cuando la puerta se cerró, la Princesa se encontró en una sala mucho más pequeña que la que ella tenía en el palacio para guardar a su perro.

Allí había otros dos niños. Uno de ellos estaba tendido en un camastro en el suelo y parecía muy enfermo.

-¿Qué le ocurre? Preguntó Pirlipatina

Está así desde hace años. La escasez de alimentos le produce una enfermedad que le impide caminar. El médico no viene a visitarlo porque no tenemos dinero para pagarle, y, aunque lo hiciera, no podríamos comprarle sus medicinas, explicó la madre sollozando.

No puedo creer que seais tan pobres, dijo Pirlipatina con asombro.

Pues esa es la verdad. Este año ha sido especialmente duro con las cosechas, y lo poco que hemos conseguido sacar de la tierra se lo han llevado los soldados del Rey para pagar los lujos de nuestra princesa.

Pirlipatina comenzó a sentir algo en su interior que nunca había conocido, y para disimular se agachó para meter en la chimenea un pequeño tronco de leña que había en una cesta.

No! Gritó la niña más mayor. Es toda la que tenemos y debemos procurar que dure todo lo que sea posible. Mi hermano siempre tiene mucho frío en las piernas y cuando se apagué no sé que vamos a hacer para calentarlo.

Cuando llamaste a la puerta creímos que era nuestro padre que ha tenido que viajar fuera del reino para poder conseguir un poco de leña con que calentarnos.

¿Es que no hay madera en este reino? Preguntó Pirlipatina.

La niña la miró asombrada y dijo:

¿No sabes que la Princesa necesita grandes montones de leña para calentar los salones donde celebran sus fiestas? ¿y que en palacio no se apaga el fuego ni de día ni de noche?.   Además, si algo sobrase, lo venderían para que la Princesa tuviese algún vestido nuevo. Dicen que es muy hermosa y que vienen a conocerla de países lejanos, pero yo, preferiría que no fuese tan bella y que se preocupase un poco más de su pueblo.

Mientras hablaban, la señora había preparado la mesa y en el centro había un trozo de pan no muy grande.

Siéntate, le dijo. Compartirás nuestra cena.

La Princesa se alegró porque tenía un hambre horrible, ya que aunque se había tomado una suculenta comida llevaba toda la tarde sin probar bocado, y se sentó, algo más animada a esperar el plato, pero cual sería su sorpresa al comprobar que toda la comida se reducía a ese pequeño trozo de pan, y todavía más asombrada cuando se dio cuenta de que a ella le habían dado el trozo más grande, sobre todo, al enterarse de que aquel era el único alimento del día para ellos.

Antes de acostarse, estuvo hablando con los niños, que le contaron cuánto les gustaría poder asistir a una escuela, llevar ropas sin remiendos y poder usar zapatos, y lo que darían por poder comerse un huevo cada uno, untando mucho, muchísimo pan.

Por fin se acostaron todos en el suelo, muy juntos para darse calor y se quedaron dormidos.

Por la mañana, los despertaron unos fuertes golpes en la puerta. Eran los soldados de palacio que recorrían el lugar buscando a la Princesa.

Pirlipatina se fue con ellos, dejando a los campesinos muy asustados por si el Rey se enfadaba con todo lo que le habían contado a su hija.

Al llegar a palacio, el Rey la esperaba impaciente y la abrazó con lágrimas en los ojos.

¡Hija mía! Creí que te había perdido para siempre.

La princesa lloró un rato abrazada a su padre y luego le dijo:

Padre, perdóname todo lo que te he hecho sufrir y vamos a sentarnos un rato porque quiero pedirte algo.

El Rey, que esperaba que su hija le pidiese algún otro vestido o una joya, se quedó de piedra cuando la oyó decir:

Quiero pedir tu permiso para vender todas mis joyas y mis vestidos lujosos porque ya no los necesitaré. Sólo se celebrarán en el Reino dos fiestas en mi honor, una el día de mi cumpleaños y otra el de Navidad, y a las dos podrán asistir todos nuestros súbditos, ricos y pobres.

El Rey intentó decir algo pero no le salían las palabras y Pirlipatina continuó:

Con el dinero de mis vestidos y joyas repartiré telas y comida a todos los campesinos. Y a partir de mañana, los carpinteros de palacio se dedicarán a reparar todas las casas del Reino, y nuestro médico real visitará por turnos a todos los vecinos, empezando por el niño de la casa donde he dormido, a la cual, ahora mismo quiero que lleven un gran fardo de leña, colchones y una gran cesta de comida. Sobre todo pan y muchos huevos.

Elisa, hace… algunos añitos, cuando dibujo a la princesa Pirlipatina.

Pirlipatina cumplió su promesa.

A partir de entonces se paseaba por el reino visitando a sus súbditos a los que trataba con gran cariño y se interesaba por sus necesidades.

Fundó una escuela en el Palacio, en la que ella misma daba clases y disfrutaba viendo el afán de saber de los niños.

Ya no vestía tan elegantemente ni llevaba lujosas joyas, pero para su pueblo era la princesa más bella del mundo.

Ana Isabel García Capapey
Dibujos:  Elisa Blasco García
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22 pensamientos en “LA PRINCESA PRESUMIDA

  1. Precioso cuento, con mucha moraleja 🙂 Me ha gustado mucho.
    ¡Ah! Y genial el nombre de la princesa 😉
    Un abrazo.

    • Hola María. El nombre lo inventé para una princesa que dibujé cuando era pequeña en el colegio. La llamé Pirlipatina y la he recordado toda mi vida. Puedo ver hasta el dibujo. Lástima que no lo guardase.
      Este pertenece a la serie de cuentos que le escribí a Elisa cuando era pequeña. Sin conocer la Cuentoterapia, a mi ya me daba por ahí. Está claro que es lo mío.
      Un abrazo.

  2. ¡Me encanta! Con esta princesa, igual me hacía monárquica… ¡he dicho igual!!! 😉

    Y que me decís de los dibujitos, no quise poner el cuento hasta que me pasó Anabel los dibujos para escanearlos. Elisa nació artista, ya se aprecia en la foto ¿verdad? 🙂

    • ¿A qúe está guapa? El traje de princesa se lo hizo mi madre, y la verdad es que le dió buen tute. Otra vez, usamos la falda para disfrazarse de mariposa, con unas alas que yo le fabriqué.
      ¡Qué tiempos…!

  3. Puede ser que el problema no esté en tener unos reyes (yo, hoy por hoy, prefiero ser monárquica, porque miro al espectro político buscando un Jefe del estado y se me saltan las lágrimas) sino en que muchos quieran vivir como tales y sin el reconocimiento soberano del pueblo. Y precisamente estos últimos son los que como viven en:
    “Las casitas del Barrio Alto
    con rejas y antejardin,
    una preciosa entrada de autos
    esperando un Peugeot.
    Hay rosadas, verdecitas,
    blanquitas y celestitas,
    las casitas del Barrio Alto
    todas hechas con resipol.
    Y las gentes de las casitas
    se sonrien y se visitan.
    Van juntitos al supermarket
    y todos tienen un televisor.
    Hay dentistas, comerciantes,
    latifundistas y traficantes,
    abogados y rentistas.
    Y todos visten policron,
    juegan bridge, toman martini-dry.
    Y los niños son rubiecitos
    y con otros rubiecitos
    van juntitos al colegio high.
    Y el hijito de su papi
    luego va a la universidad
    comenzando su problematica
    y la intringulis social.
    Fuman pitillos en Austin mini,
    juegan con bombas y con politicos,
    asesina generales,
    y es un gangster de la sedicion.
    Y las gentes de las casitas
    se sonrien y se visitan.
    Van juntitos al supermarket
    y todos tienen un televisor.
    Hay rosadas, verdecitas,
    blanquitas y celestitas,
    las casitas del Barrio Alto,
    todas hechas con resipol.
    (Victor Jara)

    Pues nunca se encuentraron con familias pobres, ni escucharon a Victor Jara, ni leyeron a Gabriel Celaya, luego… tienen una conciencia inmaculada, sin estrenar.

    Un besico a la autora, a la fotógrafa del reino y naturalmente… a la princesa!!!

    • Gracias, guapa. Muchos besos a ti también.
      La verdad es que todo Rey, signifique esto lo que signifique (ya sabéis que en los cuentos todo son metáforas, arquetipos…) debería estar en contacto con su pueblo y conocer cómo es su día a día. De lo contrario, ocurre lo que Victor Jara nos cuenta en su canción.
      Por cierto, preciosa.

  4. Debo de seguir teniendo alma de niña porque no solo me ha encantado el cuento sino que lo he seguido embelesada. Yo, como Peter Pan, no me gusta crecer.
    Besicos a todas.
    Belén.

  5. Claro que sí, Belén. Todos llevamos dentro un niño divertido y alegre que nos acompaña durante toda nuestra vida. La diferencia la marca el lugar que nosotros le permitimos habitar. En algunos casos, ocupa tanto espacio que no deja lugar al adulto. Es él quien toma todas las decisiones, y sólo se ocupa de disfrutar y jugar sin medir las consecuencias. En otros, conviven codo con codo a lo largo de toda la vida, aprendiendo juntos, disfrutando juntos, compartiendo experiencias y decidiendo las cosas importantes entre los dos, (el niño siempre va a tomar la opción que tenga chocolate). Y en otros, y, desgraciadamente esto sucede con bastante frecuencia, lo ocultamos, porque ni siquiera nosotros mismos queremos verlo; mucho menos que lo vean los demás. Y cuando intenta asomar la cabeza, lo hundimos otra vez para adentro con palabras como :”No hables tan alto, no te rías tanto, no molestes, no pidas”…y así, hasta el infinito. En estos casos, ha costado tanto esfuerzo ocultarlo, construir la careta y el disfaz con los que ahora nos vestimos que sería muy peligroso dejarlo salir y que cualquiera pueda descubrirlo.
    Cáda uno de nosotros podemos plantearnos el lugar que ocupa el niño en nuestra vida. Me alegro de que el tuyo sea tan grande. Cuídalo y léele todos los cuentos que puedas.
    Un abrazo.

  6. Precioso cuento. Enhorabuena Ana. Me aprece muy indicado para ser representado en colegios. Estaría bien adaptarlo como obra teatral. Abrazos.

    PD: Ah, muy bueos los dibujos… me han encantado!

    • Esa idea de representarlo en los cuentos me encanta. Podría ser una tarea interesante para Elisa.
      Muchas gracias, Marcos. Te echaba de menos.
      ¿Cuando vamos a quedar para darte el libro de Manuel? Si no te va bien, te lo podemos mandar por correo. Tu dirás.
      Un abrazo.

  7. Qué bellos dibujos!! Ya imagino a la Princesa llamando a mi puerta para visitarme (porque por supuesto, quiero ser una de sus subditos) e invitarla a tomar té…espero el día en que ella me invite a mí, jajaja.
    Un abrazo, precioso cuento para un día que parece que va a terminar en tormenta.
    Besos!!

    • Gracias, María.
      He estado en tu blog y he tratado de dejar un comentario en la entrada de “Libros, líos y más libros”. Como siempre, no lo he conseguido.
      Te decía que a mi lo que más me gustó del libro fue la librería-tetería. Con todos esos pasteles , magdalenas, etc. Lo malo es que da un hambre… Por otra parte, si que da pena la foto que has puesto de la librería que cierra, pero es verdad que, al menos, durante un tiempo ha podido ver hecho realidad ese sueño que compartimos todos los que amamos a los libros.
      Un abrazo.

  8. Hola “Princesa” Pirlipatina, no crezcas, no nos dejes crecer. En cuanto crecemos, ya llega la vida en directo y nos hace hacer cosas que nos nos gustan. Ves? la princesa desde su bondad, frescura, inocencia, actuaba sin malicia, pero en cuanto llegas a adulto….
    Hola “Princesa” Pirlipatina, un abrazo en este momento, acepta lo que nos depara la vida y aférrate a los cuentos a a quienes te queremos.
    Un beso

    • Hola “Princesa de los sueños”. El truco está en seguir creciendo sin abandonar la frescura y la inocencia del niño; incorporando la sabiduría que dan los años y la experiencia, sabiendo que puedes elegir con quien jugar y con quien no. Esa es la magia. El caso es que es más fácil de lo que parece en un principio.
      Tu vas bien por el camino que has elegido estos últimos años. Caminando con tu niña de la mano y siendo cada día más joven y más experta a la vez.
      Un gran abrazo. Las puertas de mi reino siempre están abiertas para ti.

  9. Jooo q recuerdos!!!
    Me ha gustado mucho volver a leerlo y ver mis dibujos (q graciosos 😉 )
    Ciertamente creo que todos deberíamos perdernos por un bosque de vez en cuando para encontrarnos con la realidad de frente.
    Muchos besos

  10. ¡Y lo guapa que estabas de princesa…! Menos mal que existen las fotos, porque si no, hay cosas que se pierden en el olvido.
    Buena reflexión esa de perderse en un bosque para encontrarnos con la realidad. ¿Te la puedo copiar para alguno de mis cursos?
    Un abrazo, mi amor. Tengo ganas de verte.

  11. Precioso cuento!! Y pensar que estas historias siguen emocionándome…
    Besines,

    • Y a mi, Carmen. Cáda día más. Y, sobre todo, que antes, trataba de disimularlo y ahora me dejo estar.
      Este es un cuento que le escribí a mi hija cuando era pequeña y que ilustré con los dibujos que ella hizo y alguna de sus fotos. El original está escrito a mano porque no tenía entonces ordenador.
      Volverlo a leer ahora me trae un montón de recuerdos y animo a todos los que tengáis niños que inventéis algo parecido. Es una forma maravillosa de trabajar juntos y de compartir. Se sienten partícipes de la historia y funciona en el momento en el que son pequeños y a la vez es un precioso recuerdo para cuando sean mayores.

  12. Me ha encantado este cuento.
    Tengo que reconocer que también me ha emocionado …

  13. bonito cuento el de la Princesa

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