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EL VIAJE DE LA VIDA

9 comentarios

La misión había comenzado y Gael se sentía totalmente preparado.  Después de años de dura formación, “El Consejo de Sabios” había decidido concederle permiso para realizar el largo viaje de nueve meses que le llevaría hasta la tierra.

No tenía muchos datos concretos del lugar al que se dirigía, ni sobre las personas con las que se encontraría. No sabía como iba a ser recibido ni el tiempo que duraría la misión. Eso sí, sabía que Ludmila lo esperaba.

Ella partió primero para preparar el terreno.  Hacía varios años que  viajó a la tierra con el único y maravilloso encargo de repartir amor. En eso era una experta. La luz de su mirada iluminaba las noches más oscuras y el sonido de su risa alegraba los corazones de todos aquellos que tenían la suerte de estar a su lado.

Ahora, Ludmila lo había reclamado. Ella sentía que debía regresar a su espacio. Necesitaba recargarse. Añoraba las largas conversaciones con “El Gran Sabio”, el cielo sin estrellas de su Mundo y sobre todo, sentía que su luz interior se apagaba y Ludmila sabía cómo y dónde podía recuperarla.

Pero a pesar de todo, no soportaba la idea de dejar solas a todas las personas que amaba en La Tierra.

Cuando llegó, recién terminados sus Estudios Superiores, el Master y las prácticas, con el encargo de llevar amor y alegría a la familia que se le había adjudicado no le pareció un trabajo muy difícil.

Había aprendido de “Los Grandes Sabios” las palabras adecuadas, sabía cuándo y cómo utilizar cada una de ellas; abrazaba como nadie; el sonido de su risa contenía todas las notas musicales, y, la verdad, le adjudicaron como principales herramientas un precioso cuerpo, un cabello dorado y una sonrisa maravillosa, que facilitaban mucho su tarea.

Con lo que Ludmila no contaba era con que ella también se enamoraría de todas aquellas personas a las que tenía el encargo de entregar amor. Y ahora, le costaba apartarse de su lado.

¿Quién les iluminaría las mañanas con su risa? ¿Quién les abrazaría y les desearía buenas noches cuando estuviesen cansados? ¿Quién podría arreglar cualquier día triste con un grandísimo abrazo?

Por eso pensó en Gael.

Antes de iniciar su viaje a la Tierra, Ludmila observaba constantemente los aprendizajes de Gael y se daba cuenta de su gran potencial.

Al igual que ella, había elegido formarse en todas las artes y filosofías que profundizan en la transmisión del amor. En su Mundo, todos conocían la dificultad y la larga duración de estos estudios, y, sobre todo, sabían que una vez preparado tenías que viajar a La Tierra ya que era el planeta más necesitado de expertos formados en esta materia.

El viaje era largo y Ludmila, ante las diferentes posibilidades sobre la forma de realizarlo, eligió instalarse en un vientre humano y mantenerse ahí, los nueve meses necesarios para que fuese surgiendo un pequeño cuerpo.

En su Mundo, el cuerpo físico no existía del mismo modo que en la Tierra. En ese caso sería imposible trasladarse de una a otra galaxia, sobre todo, por la incomodidad del peso, pero sabía que en la Tierra le sería totalmente necesario.

No obstante, esos nueve meses de espera estuvieron bien aprovechados. Desde la seguridad que le brindaba el útero de la que ya era su madre, comenzó a escuchar todo lo que ocurría en el exterior, a aprender y comprender, a conocer y distinguir a las personas por sus voces.

Podía sentir el amor de su madre, escuchar su risa y su  voz cuando cantaba para ella y supo que sería muy fácil amarla.

Cuando su cuerpo estuvo totalmente formado y decidió salir, se encontró muy torpe y tuvo que aprender a moverse dentro de él, a caminar, a alimentarlo…pero durante todo ese tiempo jamás estuvo sola. Siempre había alguien a su lado para enseñarle, acompañarle y tranquilizarla cuando temía que nunca conseguiría aprender.

Y mientras tanto, ella repartía sonrisas, abrazos y caricias; pedía que le leyesen cuentos y así conseguía que quien le contaba la historia, volviese a recordar su propia infancia; a quien necesitaba cantar, Ludmila le demandaba canciones, a quien anhelaba contacto y ternura, Ludmila le alargaba los brazos, como si desease caricias, y así, todos ellos, pensando que le daban a la niña lo que ésta necesitaba, en realidad, lo estaban recibiendo.

Y rápidamente, como en un soplo, transcurrieron varios años y Ludmila comenzó a sentir intensamente que debía regresar.

Ludmila y Gael (foto cedida por el blog Hore Shakul)

Ludmila y Gael (foto cedida por el blog Hore Shakul)

Ahora su misión consistiría en transmitir todo lo experimentado en la tierra a las nuevas generaciones de su Mundo que, al igual que ella, habían decidido estudiar las artes del amor.  Al regresar, Ludmila sería uno más de “Los Grandes Sabios”.

Cuando Gael llegó, ella esperó pacientemente los nueve meses necesarios, y cuidó de él, acompañándole mientras tanto.

Lo recibió con gran alegría y durante el tiempo que permanecieron juntos disfrutó enseñándole todo lo que debía saber.

Gael aprendía rápido y pronto, Ludmila supo que podía regresar.

Hubiese querido esperar un poco más y, sobre todo, disfrutar junto a Gael de las personas a las que tanto amaba, pero algo tiraba fuertemente de ella.

Y preparó su viaje de vuelta.

De nuevo debía elegir cómo desplazarse. El viaje era largo y resultaba imposible trasladar el peso de su cuerpo.  Además, a dónde iba no le servía para nada.

De entre todas las posibilidades eligió una pequeña mariposa. Sabía que su madre las amaba y sentía que se acordaría de ella cada vez que percibiese el roce de unas alas.

Y, sin demasiado tiempo para despedidas, partió hacia su luz, no sin antes recordar a Gael que siempre que mirase el firmamento ella estaría ahí, enviándole mensajes de amor a través de las estrellas.

Andrómeda (M31) – Fotógrafo: Javier Aguilar

Ana Isabel García Capapey
Junio de 2011
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9 pensamientos en “EL VIAJE DE LA VIDA

  1. Un cuento precioso, que toca directamente al corazón.

    El sábado pasado estuve persiguiendo mariposas y pensé en Ludmila. Estaban muy juguetonas, no me dejaron hacerles fotos decentes, pero disfruté mucho viéndolas saltar de flor en flor y jugar sin parar. Estaban tan ensimismadas que alguna de ellas incluso estuvo a punto de tropezar conmigo ¿sería Ludmila, que se acercaba a darme un abrazo?

    Gracias a Laura, la mamá de Ludmila y Gael, por dejarnos la fotografía de los dos ¡están muy guapos! Si queréis saber más de ellos, podéis visitar su blog Hore Shakul

    Gracias también a Javier Aguilar, amigo y compañero de asociación, por prestarnos su maravillosa fotografía de Andrómeda. Reconozco que el sábado intenté hacer alguna de estrellas, pero me estrellé, no salió nada, tendré que practicar más. Si queréis ver algo más de su trabajo podéis pinchar en su nombre y os llevará a su web, es un gran fotógrafo y una mejor persona.

    • Es lo que tienen las mariposas, Ana. Que llegan y se van cuando ellas lo deciden. Y, cuando tenemos la suerte de que pasen cerca de nosotros, lo mejor que podemos hacer es disfrutarlo y grabarlo en nuestra memoria sensorial.
      Preciosas fotos. Las tuyas y la que has puesto de Luzmila y Gael. Tienes razón que es maravillosa la foto de Andrómeda de Javier Aguilar. Ahora mismo voy a entrar en su blog.Por la parte que me toca, darle también las gracias a Javier por prestárnosla. Gracias también a Laura por compartir la foto de sus hijos con nosotros. Ella sabe con cuánto cariño la recibimos.
      Un abrazo a todos.

  2. Me encanta leer vuestros cuentos justo antes de irme a la cama. Me hace recordar cuando era pequeña y ya en la cama me imaginaba los cuentos que acababa de leer. Todo un lujo recibir vuestros correos.
    Un besico.
    Belén.

  3. El cuento:
    ¡Que difícil es aceptar que cada uno tiene que hacer su propio viaje! El cuento es precioso.

    Las fotos:
    1ª.- Que simbólica! Todo va en la misma dirección, el río, el paseo, la gente, la vida …
    2ª.- Dime, por favor, que no es tu encimera…
    3ª.- Delicadísima
    4ª.- pasaré por el blog
    5ª.- Esa mariposa posó sólo para tí?
    6ª.- Preciosa foto que supongo que es muy difícil. Ahora bien, para cuando tengas que hacer una así, ya sabes, despejas tu encimera y pintas las estrellitas, luego … la foto.

    Un besico!

  4. Me encanta como analizas mis fotos:
    1. “…caminante no hay camino
    se hace camino al andar.
    Al andar se hace camino
    y al volver la vista atrás
    se ve la senda que nunca
    se ha de volver a pisar…”
    2. No es la encimera, es la mesa del salón, protegida de la cera con una bolsa de basura 😉
    3. Gracias.
    4. Merece la pena visitarlo, se aprende a valorar muchas cosas después de pasar por allí.
    5. No sé si lo hizo por mi o por ella.
    6. Es MUY difícil. Pintar… no creas que no lo pensé, pero para eso están los amigos.
    Besos.

  5. No tengo palabras para ninguna de las dos. Sólo abrazos y besos llenos de emoción.
    Me encanta el cuento, me encantan las fotos y me encantan vosotras.
    Las quiero chicas!
    Lau

    • Sabes que el cariño es mutuo.
      Vuelvo a insistir en que Laura tiene un precioso blog “Hore Shakul” Padres con hijos fallecidos y que, además, han formado un grupo de padres que han perdido hijos. Se reunen quincenalmente y están haciendo un trabajo estupendo. Si conocéis a alguien que haya pasado o esté pasando por esta dura experiencia, no dudéis en hablarle de él.

  6. Qué bonito Anabel. Voy a pasárselo a una amiga, mamá de dos niños de 5 y 2 años que perdió a su pareja hace 8 meses y ahora ella atraviesa un momento duro de salud. Ella es fuerte y su amor de madre le hace vencer a todo y a todos pero seguro que este cuento le gusta y le mueve algo bonito.

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