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GÉNESIS, EL RELATILLO DEL MELGARES

6 comentarios

Carlos Melgares

Cuando Carlos Melgares publicó este relatillo en su “blog del Melgares” me pareció genial. Con una historia tan sencilla hablaba de tantas cosas… De las dificultades en la vida de los que sufren “un pequeño accidente” cuando nacen o en algún otro momento; de las expectativas de los padres hacia los hijos y de como nos marcan; de cómo nos sentimos dependiendo de la valoración de los demás; de la grandeza de lo pequeño; en fin, de tantas cosas, que siempre he querido compartirlo con vosotros. Por fin el momento ha llegado.

Anabel y Carlos

Carlos es un hombre muy joven y, en mi opinión un gran artista. Yo conocía los “moñacos” que hace, totalmente manuales y que también diseña; había visto algunas de sus exposiciones y, sobre todo, fotografías de todas ellas; sus dibujos y carteles.  Os aconsejo que no perdáis de vista su blog (seleccionado entre nuestros preferidos), pero al leer este relatillo descubrí otra faceta en él.

Opino que el relato no tiene ni una  sola palabra de desperdicio. Y, si os apetece, podemos irlo desgranando y ver que es lo que nos mueve a cada uno de nosotros. Espero vuestros comentarios.

Os dejo con él. ¡A disfrutar!

Mi padre me dijo que nunca llegaría a nada.

Él, era un bote de tomate antiguo, con solera, que vivía en lo más alto de los estantes del centro comercial, observando omnipresente desde su pedestal. Yo, por el contrario era una latita de atún en aceite, pequeñita ínfima, situada en la balda más cercana al suelo.

Me sentía hacinado, con todos mis hermanos, uniformados y marciales, esperando ansiosos su momento de gloria, el momento en el que eran seleccionados para salir del hogar paterno y pasar a una vida mejor.

Pasaba el tiempo y mis parientes, orgullosos, iban abandonando el nido, a mí, por el contrario, se me acumulaba el polvo bajo los resquicios del abrefácil.

Se me había olvidado contaros algo importante, al nacer sufrí un pequeño accidente, en el momento del etiquetado, la máquina responsable de etiquetarnos se atrancó y mi vestidito salió mal impreso y un poco arrugado. En mi familia esas cosas estaban muy mal vistas, ya que nadie quiere acoger a una lata mal arreglada.

Perdida ya toda esperanza, los vaticinios de mi padre parecían abrumadoramente proféticos; estaba yo distraído, admirando las varices de una señora especialmente gruesa, cuando sentí un estremecimiento, alguien me estaba cogiendo y llevando hacia otro lugar. Inquieto comencé a fantasear sobre mi destino… Lamentablemente el periplo fue excesivamente corto, pues terminé en un depósito de basura, junto a la fruta y el pescado podrido.

Pasaron muchas horas, no sé, incluso días, acostumbrado como estaba a la luminosidad nuclear de mi hogar, en la oscuridad del cubo mi mente era incapaz de medir el tiempo. Pasé mucho tiempo, temiendo por mi vida, me lamenté y auto compadecí de mi vida, estática y estéril.

De repente, un estrépito me sacó de mis funestas cavilaciones. El contenedor volcado yacía a mi lado y unas manos mugrientas me cogieron con extrema delicadeza. Un hombre desaliñado me observaba con atención y después, sacando un pañuelo, me limpió con mesura y me depositó en un bolsillo de su pantalón.

Tras un corto viaje, volví a ver la luz, crepitante y naranja e inmediatamente, sin mediar palabra, el extraño transeúnte, me abrió y devoró mi contenido, no sin antes compartir los rescoldos de mi ser con su acompañante felino.

Todavía recuerdo las cosquillas.

Vacío, pero con la satisfacción de haber cumplido mi objetivo en la vida, entré en un agradable letargo y me dispuse a morir.

Soñé, soñé con grandes máquinas llevándome de un lugar a otro, manos fantasmales transportándome y manipulándome, soñé con el agua y con el fuego, soñé con la purificación y la sublimación del ser.

Soñé tanto que al final me desperté.

Empecé a tomar conciencia de mi mismo, me sentía extraño, diferente, mucho más grande, incluso más que mi padre.

Tarde un poco hasta darme cuenta, ¡era enorme!.

Un gigante metálico, surcando el mar, un contenedor de ilusiones, de sueños bucaneros.

Mil historias os podría contar y mil aventuras os podría relatar.

Ahora estoy en el puerto de Barcelona y tengo todo el mundo frente a mi horizonte.

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6 pensamientos en “GÉNESIS, EL RELATILLO DEL MELGARES

  1. Un relato mágnifico, con muchas historias dentro, un gran artista en todas sus facetas, que son muchas.
    Ánimo y a seguir con toda tu obra, está ahí esperándote.

    • Gracias, Blanca. Se que tu eres una de sus mayores fans. Ójala te haga caso y continúe escribiendo, aunque su faceta “moñaquera” y de comics tampoco está nada mal.
      Muchos besos.

  2. Mi enhorabuena a Carlos por su originalidad en un relato tan estupendo. Ese final, en el puerto de Barcelona, es magistral. Me pasaré por su blog. Abrazos.

  3. Que curiosa es la vida! no?
    Me ha gustado mucho el cuento, he pasado también por el blog del artísta.
    Está claro que siempre tenemos que esperar cosas buenas del futuro: no desesperar ante la adversidad será mi lema.

    Besicos!

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