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LA ESTRELLA QUE TEMÍA MOSTRAR SU BRILLO

13 comentarios

La Vía Láctea (Namibia) – Fotógrafo: Javier Aguilar

El espacio estelar lucía más brillante que nunca.

En un rinconcito de la galaxia, un grupo de estrellas se reunía con cierta frecuencia, y la luz que se producía cuando estaban juntas, comenzaba a ser visible a cierta distancia.

Al principio, sus encuentros surgieron casi por casualidad, y ninguna  creyó que con el tiempo, iba a ser tan importante para ellas, ese lugar que compartían una vez por semana. Eran muy distintas entre sí y provenían de espacios diferentes; unas llevaban millones de años recorriendo el firmamento, y otras acababan de comenzar su andadura, pero algo que no podían definir, las hacía regresar cada lunes, dejando a un lado  el cansancio o las inclemencias del tiempo.

Se reunían en su pequeño rincón, y comentaban aquello que les había ocurrido durante la semana; una  hablaba sobre  el fantástico viaje que había hecho para explorar otra galaxia, otra contaba sus dudas ante una oferta laboral para iluminar corazones apagados, o lo triste que se encontraba, porque la estrella con la que tenía previsto compartir espacio estelar, había decidido brillar por su cuenta.

Todas se escuchaban con atención y respeto y al cabo de un tiempo fue creciendo entre ellas un gran cariño y durante toda la semana atesoraban las vivencias, de las que hablarían cuando se encontrasen con sus amigas.

Carrusel Cósmico – Fotógrafo: Javier Aguilar

Algunas estrellas fueron llegando atraídas por su luz y por lo que el pequeño grupo iba contando en sus otros círculos; otras tuvieron que abandonar porque les surgieron nuevas obligaciones y así, poco a poco comenzaron a crearse lazos a base de intercambiar lecturas, compartir actividades…

Entre ellas había una estrella muy especial. Se había incorporado cuando la constelación ya estaba formada y a pesar de que lo deseaba con todas sus fuerzas, nunca sintió que pudiese brillar con la misma intensidad que las demás. Veía lo fantásticas que eran todas ellas; las escuchaba y disfrutaba con sus experiencias y compartiendo risas y llantos, pero sentía que ella no estaba a la altura. Deseaba quitarse la coraza con la que se había vestido casi desde que salió al Universo, y dejar que las demás viesen su verdadera luz, pero la coraza llevaba instalada en ella tanto tiempo, que ya no recordaba lo que había al otro lado. A veces, hasta dudaba de que hubiese algo en su interior.

En algunos momentos parecía que esa coraza se hacía más ligera, y esto la asustaba porque la hacía sentir vulnerable y frágil. Las lágrimas acudían con facilidad a sus ojos y las emociones la sobrepasaban, hasta que llegó un momento en el que ya no pudo más y decidió soltar el hilo que la amarraba a sus amigas y volver sobre sus pasos, allí donde nadie tratase de mirar en su interior. Se prometió a sí misma que ella tampoco lo haría, porque le resultaba demasiado doloroso.

Diversidad Cromática – Fotógrafo: Javier Aguilar

El resto de la constelación trató de convencerla de lo importante que era para todos ellos y de lo valiosa que les resultaba su presencia y sus ojos dulces y acogedores, pero nuestra amiga, al igual que Cenicienta, salió corriendo, dejando tras de sí en lugar de un zapato de cristal, unos cortos y rápidos abrazos, un libro colocado a toda prisa en las manos de aquella con quien compartía lecturas, y otros pequeños y cuidados regalos salidos directamente de su corazón.

Y corrió y corrió, alejándose de aquello que tanto la sanaba y que tanto le dolía, evitando los brazos que deseaban acogerla y las miradas cálidas y amorosas que hubiesen podido amarrar su alma. No dejó de correr hasta llegar a su espacio conocido, previsible, cotidiano, donde todos sabían comunicarse con ella a través  de su coraza, y a nadie le extrañaba que la llevase puesta día y noche.

Y así permaneció un tiempo, creyéndose segura. Pero su corazón había encontrado un huequito para respirar y ya no quería volver a vivir encerrado. Él sabía que el camino podría ser difícil y empinado pero había descubierto la calidez y la ternura y no estaba dispuesto a renunciar a ella, así que día tras día se lo recordaba golpeando con fuerza la coraza que lo cubría, para hacerse oír a través de la dura pared.

Al principio, la estrellita trató de ignorar estos golpes y como era su costumbre, corría y corría a todas horas del día, haciendo muchas actividades, que le impidiesen prestar atención a esos molestos ruidos; pero por la noche, cuando brillaba en solitario, su luz se iba apagando y no había nada que pudiese amortiguar los golpes cada vez más desesperados de su hambriento corazón.

Andrómeda (M31) – Fotógrafo: Javier Aguilar

No supo de donde sacó las fuerzas, pero una tarde, su corazón desbocado la guió hacia el lugar donde sabía que podría ir desprendiéndose, poco a poco, de todos los miedos y la oscuridad y dejar abierto un espacio, cada vez más grande, que permitiese mostrar la luz de su interior.

Cuando las otras estrellas la vieron regresar, su alegría fue tan grande que desde todos los planetas pudo contemplarse una luz cálida y amorosa que envolvió las almas de todo el universo.

                                          Ana Isabel García Capapey – 29-5-2013

Un agradecimiento especial a  Javier Aguilar por prestarnos estas maravillosas imágenes.
http://www.flickr.com/photos/estudiojavi/
http://www.javieraguilar.es/
 
 
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13 pensamientos en “LA ESTRELLA QUE TEMÍA MOSTRAR SU BRILLO

  1. Gracias a tu por permitir que mis fotos acompañen a tan maravilloso texto…!

    • Hemos conseguido una magnífica “conjunción” entre cuento y estrellas.

      Algún día tendré que probar la fotografía del cielo nocturno. Aunque se dan varias circunstancias:
      – Tendrás que darme algunos consejillos.
      – Mi equipo fotográfico no sé si es el adecuado.
      – Yo a las 10 de la noche ya suelo estar con el pijama 😉

      Mil gracias 🙂

  2. Gracias, Javier, por estas fotos increíbles. Un abrazo.

  3. ¡Que bonito el cuento y las fotos de Javi! Una mezcla perfecta.

  4. Gracias, Belén. Yo también creo que ha sido una buena conjunción.

  5. Qué bien escribís…sería maravilloso ser una estrella de cuando en cuando. Os leo, aunque no comente. Un beso grande!!

    • Gracias, María. Puedes dar por sentado que tu también eres una estrella, y como prueba, está tu precioso blog “junto a una taza de te”. Todos somos estrellitas. De hecho, este cuento lo he escrito para un grupo en el que he participado este curso. Un grupo del que ha salido ese calorcito y luz tan necesarios para iluminar todo lo que nos rodea. Por eso digo que tu también lo eres; porque tu blog también da luz y calor y atrae a otras pequeñas estrellitas.
      Me alegra que estés aquí y que te hayas animado a dejar un comentario. Un abrazo.

  6. Bonito cuento y bonitas fotos. Perfecto maridaje estelar 🙂

  7. ¡que bello! y las fotos ¡son maravillosas! es un cuento mágico Anabel ¡gracias por compartirlo!
    un beso,
    Ale.

    • Me alegra que te guste, Ale. Ójala de verdad funcione la magia y haga que nuestra estrellita se acerque de nuevo. De momento sigue huida y la echo de menos.

  8. Javier es muy bueno el cuento ya lo conocia pero volverlo a leer ha sido un placer.

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