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GOTAS DE VIDA

19 comentarios

 ¡Aguantad! Animaba el tronco del enorme baobab a las hojas y a las raíces. Estoy seguro de que ya queda poco.

Ya no podían sostenerse por más tiempo. Estaban exhaustas y aunque trataban con todas sus fuerzas de agarrarse a la rama, sabían que no podrían resistir mucho más.

Las raíces se estiraban todo lo que podían, buscando inútilmente algo de humedad con la que alimentarse, pero la tierra estaba dura y seca y parecía absurdo seguir intentándolo. El tronco les suplicó: “Queridas raíces, sé que estáis agotadas, pero ¿no os queda algo de alimento o de humedad con que poder nutrirnos?

Lo sentimos, le contestaron estas; nos hemos alargado todo lo posible, pero aquí abajo todo está seco y yermo.

A pesar de los intentos que el tronco hacía por mantener animados a sus compañeros, sabía que les quedaba poco tiempo y se preparaba para morir.

De pronto, escucho unos pasos que se acercaban y esperó atento.

Una niña pasaba por el camino, portando un pequeño cántaro con agua. Había recorrido una gran distancia para encontrarla y venía cansada, así que se sentó a reposar bajo la sombra del árbol.

En ese momento, una de las hojas no pudo sostenerse más y cayó, arrastrando a varias de sus hermanas en su caída. La niña miró hacia arriba y fue descendiendo su mirada por el baobab, observando como sus hojas estaban casi secas y el tronco, prácticamente descortezado.

 ¡Pobre árbol! Toma un poquito de agua de mi cántaro. Mañana cuando pase, volveré a traerte otro sorbo.

Y así fue que todos los días, la niña se paraba a descansar bajo la sombra del árbol y le regalaba un poco del agua que con tanto esfuerzo traía en su cántaro, y el baobab luchaba por sobrevivir reconfortado por aquellos cuidados y esperanzado por la próxima visita de su amiga.

La pequeña se sentaba a descansar bajo sus ramas y cantaba bellas canciones de amor y esperanza, que suponían un bálsamo para todos ellos.

Las raíces, se desplegaban al máximo para absorber hasta la última gota que la niña les regalaba; las hojas se agarraban con todas sus fuerzas y esperaban la llegada de su protectora, que cada mañana las acariciaba con su voz; y el tronco, enamorado de su joven visitante hasta el último nudo, disfrutaba con los abrazos y las caricias que la joven le entregaba y recogía esas palabras de ánimo y ternura que hasta ahora, nadie le había dedicado, y que tanto necesitaba.

Hasta que un día, cuando la niña se sentó a descansar, sintió una gruesa gota de lluvia sobre la mano; y luego otra; y otra…hasta que la lluvia cayó en tromba mojando al baobab y a su pequeña amiga, que loca de alegría bailaba abrazada a su tronco.

A partir de ese momento, la lluvia caería durante varias semanas, nutriendo a las raíces para que pudiesen transmitir la fuerza al resto del árbol, pero ninguno de ellos olvidaría jamás que pudieron mantenerse con vida, gracias a la esperanza que les transmitieron esas pequeñas gotas regaladas con tanto amor.  Y la niña siguió encontrando en el árbol un lugar acogedor, donde descansar de sus largas y diarias caminatas en busca de la vida.

                                                          Ana Isabel García Capapey (25-07-2013)

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19 pensamientos en “GOTAS DE VIDA

  1. Como dice Belén, sencillo y muy bonito, como todos los cuentos que escribe Anabel. 🙂

    Y para evitar un rapapolvo como el que le ha caído a Susana en el Facebook, por no profundizar en el cuento, voy a exponer lo que a mi me dice:

    Veo que ante las dificultades de la vida, se puede encontrar a alguien que te eche una mano. Pero, también pienso que la actitud de la niña, a lo mejor, no es tan desinteresada como se podría pensar; a ella también le interesa que ese árbol siga ahí, frondoso, dándole sombra en sus descansos, tras una larga y pesada caminata. ¡Ojo! no lo digo como crítica, creo que también debemos fijarnos en los que tenemos alrededor y procurar que estén lo mejor posible, eso nos ayuda a todos.

    ¡Hala! yo ya he hecho mis deberes.

    • ¡Ahí le has dao! Eso es lo que yo llamo “egoismo inteligente”, porque al final, cuando ayudas también recibes. Yo tengo muy claro que no gano nada con que al de al lado le vayan mal las cosas, sino al contrario.
      Una vez, estaba de visita laboral en “Donantes de sangre” y comenté: Ya que estoy aquí, me voy a quedar a donar sangre. Otro de los que venía también a la visita dijo: “¡qué solidaria!” y yo le contesté: “Puede que sí, pero también soy muy egoista, porque yo quiero que aquí haya sangre siempre, para que pueda utilizarla quien la necesite, pero también porque ese alguien puedo ser yo o cualquiera de mi familia, así que la mejor forma de que esto esté siempre surtido es siendo donante”.
      Desgraciadamente no convencí a ninguno y me quedé sola a hacer la donación, pero yo sigo explicando esta teoría del “egoismo inteligente” porque creo que da buenos resultados y además, se disfruta más que siendo un egoista rata y miserable que cree que estando bien yo, ya estamos bien todos.

    • Y eso también lo pensaba yo, pero no quería copiarte 😛

      • ¡Ójala hubiese muchísima gente que se copiase esto! Yo ya sé que tu lo ves así y que así lo llevas a tu vida, pero como yo creo en el efecto contagio, tenemos que seguir sembrando a ver si son muchos más los que se copian esta teoría del “egoismo inteligente”. Puede aplicarse a todos los campos.

  2. Vale, vale… Me tienes todo el fin de semana “eztrujándome” la cabeza jajajaj Es broma! Pero fíjate que al leer el artículo de Rosa Montero de este finde no he podido dejar de pensar en este cuento (te dejo el enlace) http://elpais.com/elpais/2013/09/13/eps/1379095884_769137.html

    Y está claro que, como tu cuento, son historias que me remueven la esperanza y ese sentimiento de que el esfuerzo siempre sirve, porque la vida está compuesta de momentos maravillosos de grandes esfuerzos, y si en alguna ocasión no hemos podido encontrar esa mano amiga, seguro que nosotros mismo nos hemos ayudado ya que habremos crecido un poquito más gracias a ese último esfuerzo. Pero que oye, mientras haya otro ser humano cerca de nosotros yo creo que siempre debemos tener la esperanza de que habrá quien nos eche una manica…

    ¿Te vale? jajajaj

    P.D.: Gracias a Ana por su defensa pública ante el rapapolvo en Face!!! 😛

  3. ¡Qué bueno el artículo de Rosa Montero, Susana! Yo también hago cosas como esa de regar una planta que sé que nunca más volveré a ver, pero lo que tampoco se es si gracias a esos días que yo le he alargado la vida con mi chorrito de agua, puede conseguir sobrevivir hasta que alguien alquile el piso o lo compre y cuando vea la planta se de cuenta de que es una superviviente y la tome a su cuidado.
    Gracias por tu aportación y estas reflexiones que nos haces. Son muy importantes para mi.
    Otro abrazo grandote para ti.

  4. Un bonito cuento. Desgraciadamente no son habituales estos gestos, ni siguiera interesados Somos así de tontos como especie. PAsamos por la via como si todo estuviera hecho para nosotros. Pero lo cierto es que no somos necesarios para la naturaleza, más bien somos un estorbo (alguna teoría dice que plaga) Ya estaba allí cuando nacimos y seguirá allí cuando muramos. Seguramente con “otros baobabs” pero la naturaleza siempre sale adelante.

    • Gracias, Alejandro. Gracias por tu comentario. Es cierto que pasamos por la vida como si todo nos hubiese salido de regalo en las tapas del yogur. Mi deseo con este cuento es transmitir que un pequeño gesto, una frase amorosa o de ánimo o un abrazo sincero, que puede parecer que no llevan a ninguna parte, son esas pequeñas gotas que nos ayudan a que cuando nos encontramos en una situación muy apurada y no somos capaces de ver la salida, podamos encontrar las fuerzas necesarias para resistir hasta que llegue la lluvia. Un abrazo.

  5. Es que las gotitas son como los granos de arena….

  6. Hermoso texto…

    Y ciertamente es así. Nuestra torpe condición humana, no nos permite tener esa actitud, y optamos por vencernos, arrastrando a todos contra el suelo, al cual nos impactamos muchas veces por pura voluntad.

    Besos,

    • Por eso es bueno darnos cuenta de que ganamos más cuando compartimos y cuando cuidamos de los demás que cuando nos centramos únicamente en nosotros mismos.
      A mi, por ejemplo, no me sabe igual un sorbo de café cuando lo tomo sola que cuando lo comparto con amigos.
      Muchas gracias por tu comentario.

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