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LA CUENTOTERAPIA: CUENTOS PARA ACARICIAR EL ALMA

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SÉ TODOS LOS CUENTOS

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos…
y sé todos los cuentos.

León Felipe

Cuentoterapia para enfermeríaNuestra generación ha crecido entre cuentos. Al calor de la lumbre nos contaron todas las historias que necesitábamos saber para caminar por la vida; se nos transmitieron los mensajes que eran importantes para nuestra familia y que se consideraba vital que conociesen los descendientes.

Gracias a ellos descubrimos a personajes valientes y atrevidos, a otros que necesitan que alguien los salve y a los que desobedecen a la hora de elegir el camino que se les marca. Vivimos historias de peligros en las cuales nuestros personajes nos mostraron cuales son las armas con las cuales podían hacerles frente (la espada, el amor, la verdad…) Desde ahí fuimos eligiendo nuestros propios valores, identificándonos con un personaje, odiando a otros… deseando vivir aventuras, salvar damiselas en apuros, luchar con dragones, encontrar un príncipe o princesa con el que compartir reino …y aquí se marcó nuestro guión de vida.

Es interesante observar qué cuento nos han contado de pequeños o cual de todos los que nos contaron es el que todavía recordamos en estos momentos. Darnos cuenta de quién era la persona que nos contaba este cuento, relato, poesía, canción o cualquier otro mensaje que nos haya calado y ver que sentíamos hacia ella; es decir, si el mensaje nos llegó desde el amor, la admiración y el afecto o desde la imposición.

Caperucita y el LoboAhora que la mayoría de nosotros tenemos hijos y nietos es importante observar lo que guardan dentro aquellas historias que les contamos. Pongamos atención en comparar los valores y mensajes de vida que recibimos de nuestros padres y abuelos y en aquellos que a su vez estamos transmitiendo a nuestros hijos y nietos.

Tengamos en cuenta que cuando leemos un cuento, se crea un vínculo muy especial entre quien lo cuenta y quien lo escucha. Una especie de burbuja protectora en la que nos sentimos vistos; la persona que cuenta el cuento habla especialmente para nosotros; el niño siente que lo que le sucede al personaje del cuento es lo mismo que le ocurre a él y confía en que también él encontrará la forma de solucionar sus problemas. El mayor regalo que podemos hacerles a nuestros hijos y nietos es transmitirles las historias de nuestra familia, los cuentos que nos contaron nuestros padres y abuelos y entretejer un tapiz de historias con un hilo de amor que sirva para unir varias generaciones.

Desde un cuento podemos atrevernos a luchar con dragones y enfrentarnos a seres malvados; a correr innumerables peligros y a inventar todo tipo de argucias para conseguir el tesoro… Por muy pequeños que nos sintamos, sabemos que al igual que le ocurre al protagonista, si nos mantenemos firmes a pesar de nuestros miedos y seguimos adelante, al final, todo saldrá bien.

Apadrina un libroPor muchos años que tengamos, nuestro niño interior necesita seguir alimentándose de historias ya que a través de ellas descubrimos la manera de enfrentarnos a los miedos, a la envidia, a la carencia, a la vejez y la muerte… Nos ayudan a ser autónomos y a superar la sensación de abandono; nos enseñan a colaborar con otras personas; a pedir y ofrecer ayuda, a confiar en el instinto, a luchar por ser reyes de nuestro propio reino (el reino interior) y a dictar las normas y leyes que lo rijan.

De la misma forma que conocer “El cuento de nuestra vida” puede ayudarnos a ver los orígenes de nuestros valores y a comprender las razones que nos han llevado a ir por un camino y no por otro, es importante tener muy claro que nada de esto es inamovible.

Si descubrimos que nuestro guión de vida no fue elegido libremente, que no nos gusta el personaje que hemos interpretado hasta este momento o que preferimos explorar el camino que no lleva a ninguna parte en lugar de aquel que nos fue señalado desde niños, debemos saber que nosotros tenemos el poder de cambiar el final del cuento.

Nos seguimos contando.

Ana Isabel García Capapey
Noviembre de 2014

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