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LAURA Y LAS HADAS

2 comentarios

Cuentoterapia para enfermería

Laura tiene tres años y un gran secreto. ¡Es tan grande, que no sabe a quién contárselo!  Antes de nada quiere estar segura, no sea que después vaya a resultar cosa de su imaginación.

Mariposa en clave [alta]Sus papás la quieren muchísimo y seguro que si se lo contase la creerían, pero ha decidido esperar un poco más y mientras tanto, seguir observando y fijarse muy bien en todos los detalles y las cosas mágicas que están sucediendo a su alrededor.

Quizás cuando vea a su primo Juan o a su amiga Irene, o cuando se encuentre con Elisa  en el parque, se atreva a decirles lo que cree haber descubierto.  De entre todos aquellos que conoce, ellos son capaces de entender la magia, porque pueden ver con los ojos del corazón.  Lo que les importa no es el aspecto de las personas ni de las cosas, sino lo que guardan en su interior; por eso los quiere tanto.

Muchas veces, Laura  no ha tenido ganas de jugar y de correr; debido a una latosa enfermedad, ha pasado algunas noches sin dormir y se levanta cansada y dolorida.  Pero ellos la han acompañado siempre y, aunque está aburrida de hospitales, análisis y otras pruebas que no le gustan nada, pero nada de nada, hace todo lo que sea necesario para recuperarse y poder pasar más tiempo con su primo y sus amigas.Lilly, el hada de los libros

También podría contárselo a Mari, la profesora de la ludoteca, que es tan simpática y que tanto le gusta a Laura , pero ahora que lo piensa… es posible que  Mari también sea una de ellas.

Últimamente las ve por todas partes y cuanto más se fija en los pequeños detalles, más segura está de que las hadas existen.

La primera vez que se dio cuenta fue porque al hada se le cayeron las cosas del bolso cuando iba a pagar en un supermercado.  Cuando Laura  se agachó para ayudarla descubrió que en uno de los bolsillos interiores llevaba una varita mágica.  El hada, que parecía una señora normal con su carro de la compra, su bufanda y las botas de agua, porque aquel día llovía muchísimo, se quedó mirando a Laura  y se dio cuenta de que había visto la varita.  Los ojos del hada y de la niña se encontraron y Laura descubrió en ellos un brillo como nunca antes había visto.  El hada le guiñó un ojo  y poniéndose el dedo índice delante de la boca le pidió que guardase el secreto.Amelia

Ella siempre había pensado que las hadas tenían alas y que se desplazaban volando por el bosque, pero ahora se daba cuenta de que se encontraban también en las ciudades y que se disfrazaban de señoras normales, de niñas e incluso de ancianitas para poder estar cerca de todos los niños que necesitaban su ayuda.

Laura había observado que donde más hadas había era en el hospital, donde cada tres meses acudía a consulta.  Había aprendido a reconocer su sonrisa y el brillo de sus ojos, al igual que la dulzura de sus manos cuando le cogían el brazo para hacerle un análisis.

Al principio tenía mucho miedo de las camillas, de las agujas y de las batas blancas, pero desde que había descubierto a todas aquellas hadas disfrazadas de enfermeras ya no sentía ningún temor cuando se tumbada en la camilla, y ponía toda su atención en esa mirada luminosa y en la sonrisa de hada que se escondía detrás de aquellas mujeres y hombres que trataban de curarla.

Ahora estaba deseando que llegase el momento de volver al hospital, para ver si podía descubrir alguna pista más.

Y por fin, obtuvo la respuesta que buscaba. Una mañana luminosa, cuando habían terminado de hacerle todas las pruebas, una de las enfermeras, que siempre estaba a su lado, se quedó un ratito con ella mientras sus papás y el médico hablaban.  Estaban solas en la habitación y hacía mucho calor.  La enfermera se puso de puntillas y  levantó mucho los brazos para abrir la ventana que estaba muy alta.  En ese momento, la bata se le abrió. A Laura  se le pusieron unos ojos como platos cuando pudo ver perfectamente plegadas en la espalda de la chica unas preciosas alas doradas.

Cuando el hada se dio la vuelta y vio que Laura  la había descubierto se asustó, pero ella le dijo que no tuviese miedo porque jamás contaría a nadie su secreto.  Y el hada se lo agradeció regalándole un frasco entero de polvo de hadas que guardaba en un bolsillo de la bata.

Desde entonces, nuestra amiga acude a hacerse las pruebas sin temor y agradece, con todo su cariño, lo que el personal del hospital y los médicos está haciendo para ayudarla.

Ha guardado el polvo de hadas en la mesilla de noche y cuando no puede dormir mira su brillo a la luz de la luna y se tranquiliza.

Laura  aún no ha decidido que oficio tendrá cuando sea mayor, quizás enfermera, o médica, o escritora, o informática.  Pero tiene muy claro que será una de ellas.  Y sea lo que sea a lo que se dedique,  se vestirá con una hermosa sonrisa y una mirada luminosa, y guardará escondido en alguno de los bolsillos un pequeño frasquito con polvo de hadas y sus alas perfectamente disimuladas a la espalda.

Ana Isabel García Capapey.  04-04-2017

 

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2 pensamientos en “LAURA Y LAS HADAS

  1. Precioso cuento de un hada que no se esconde

  2. Gracias, guapa. A ti también se te ven las plumas…ja, ja.

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