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EL CALOR DE UN ABRAZO

13 comentarios

Blanca sentía el corazón helado. Desde hacía tiempo, el frío se le había metido en el  cuerpo y ya no podía con él. Anhelaba sentir el calor en la piel y la risa haciéndole cosquillas en el alma y estaba dispuesta a cualquier cosa por conseguirlo.

No lo tenía fácil. Cuando ella llegaba, los niños corrían a esconderse en sus casas, dejando vacías calles y parques, la gente andaba lo más deprisa que podía, evitando las conversaciones y hasta los pájaros alzaban su vuelo hacia lugares más cálidos.

Ella era la reina de las nieves y tenía poder más que suficiente para levantar una gran ventisca, cubrir de nieve las montañas más altas y helar grandes superficies de agua, pero no podía sentir el calor de un abrazo, de una mirada, de una mano en la suya.

Lo había intentado todo. A lo largo de su vida deseó con fuerza a algunos hombres. Pero siempre se vio obligada a alejarse de ellos cuando se daba cuenta de que sus gélidos abrazos terminarían congelando sus corazones. Ocurría lo mismo con los niños: a veces, durante un breve período de tiempo no huían de ella, incluso disfrutaban compartiendo sus juegos con Blanca, pero enseguida aparecían sus madres y los obligaban a entrar en casa por miedo a que cogiesen frío, o al menos, a ponerse guantes, con lo cual, desaparecía toda sensación de contacto.

Algún año, había llegado sin avisar, esperando pillar a los pájaros por sorpresa para que así no pudiesen alejarse hacia lugares más cálidos, y efectivamente, los pájaros, incapaces de alzar su vuelo, no pudieron abandonarla, pero murieron helados, o de hambre al no poder obtener alimento lo que le produjo una gran tristeza.

Sólo había una cosa que lograba calentar su ánimo; la llegada de su hermana Flora, la reina de la primavera. Vivía para esos escasos días en que las dos compartían espacio y cada año trataba de alargar un poco más el momento de partir cuando su tiempo de nieve había terminado para dejar reinar a Flora. Ansiaba quedarse a ver como germinaban aquellas semillas de las que su hermana llegaba cargada todos los años, como las calentaba el sol y las alimentaba el agua, haciendo que brotasen flores de maravillosos colores, prácticamente desconocidos para Blanca.

Cuando Flora aparecía, todo el mundo se asomaba a la calle a recibirla, las mujeres lavaban la ropa pesada, guardada durante el invierno, esperando la llegada del “buen tiempo”, las personas mayores sacaban sus sillas a la calle y contaban a sus nietos historias de tiempos lejanos y los niños volvían a alegrar con sus risas las calles y los parques. Se celebraban fiestas en honor a la primavera,  se bailaba en la calle y se bebía vino a la salud de Flora. En cambio ella…sentía que no era bien recibida en ninguna parte y que todo el mundo se alegraba cuando partía.

Este año decidió que no se iría. Le pediría a Flora que la dejase quedarse con ella durante su reinado y compartiría con su hermana el sol, el agua y las risas.

Así pues, dejó de cubrir de nieve  las montañas y los campos y se dispuso a esperar la llegada de Flora.

Ese año, su hermana apareció un poco antes de lo acostumbrado y no traía con ella las semillas y los brotes que siempre la rodeaban. Se abrazaron, como siempre, deseosas de encontrarse y por fin Blanca sintió que le llegaba el calor del único corazón que era inmune a su frío contacto.

Disfrutaron un rato contándose anécdotas sobre  el tiempo en el que no se habían visto. Blanca, guardaba para Flora, unas preciosas hojas secas que su hermana, la reina del otoño le había encargado entregarle y Flora, a su vez, le contó las aventuras que había corrido con su hermana pequeña, la reina del verano, la más alocada de las cuatro y a la que Blanca no veía prácticamente nunca.

Por la noche, Blanca explicó a su hermana su decisión y le pidió poder compartir ese tiempo con ella.

Flora acarició la helada  mejilla de su hermana y le regaló una cálida sonrisa asegurándole que no habría nada que la hiciera más feliz y le propuso participar esa noche en alguna de las fiestas que se celebraban en su honor. Y las dos salieron con sus mejores galas a mezclarse con la gente, a bailar y a disfrutar de las risas y la música. Para Blanca fue una noche mágica. Jamás había disfrutado tanto y volvió a casa agotada cayendo por fin en un sueño dulce y reparador.

A la mañana siguiente, Blanca propuso a su hermana ayudarle a esparcir las semillas y a introducir en la tierra los brotes enraizados, pero al tocarlos se helaban. Por otro lado, Flora le dijo que no valía la pena plantar nada porque como no había nieve en las montañas los lagos no tendrían agua suficiente para regar todo aquello que ella pudiese introducir en la tierra.

Blanca se quedó pensativa observando el puñado de semillas heladas en sus manos y cayó en la cuenta de que todo el trabajo de aquellos hombres y mujeres  que de sol a sol se dedicaban a cuidar de sus campos y que según ella creía solamente necesitaban a su hermana para tener una buena cosecha, se perdería si la Reina de las Nieves no cumplía con su cometido. Flora tenía razón, sin nieve en las cumbres durante el invierno no habría agua en la primavera y todo quedaría seco y desolado. Eso no era lo que ella deseaba.

Miró a su hermana y esta se dio cuenta de que había comprendido. Se fundieron en un intenso abrazo, muy muy largo, pues tendría que calentar a Blanca durante otro frío invierno y partió hacia las montañas  para cubrirlas de nieve prometiendo a Flora pasar a visitarla antes de partir hacia el otro lado de la tierra donde debía comenzar el invierno, y traer con ella un enorme trozo de hielo para que su golosa hermana pudiese hacerse unos deliciosos helados.

Ana Isabel García Capapey. 20-2-2012

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13 pensamientos en “EL CALOR DE UN ABRAZO

  1. Debo de seguir siendo niña. Me he quedado embelesada leyendo el cuento. Me encantan estas historias. Saludos guapas.

  2. Preciosooooooo !!! Ademas estais guapisimas.

    Un besico Hermana

  3. El cuento…sin comentarios, lo has bordado. Y las fotos…¡estupendas!.
    Haceis un buen equipo, chicas. Muchísimas gracias por esa convocatoria que nos hizo echarle un poco de imaginación a una noche encantadora. Gracias por estar ahí sembrando ilusiones y buenos momentos.

    • Gracias Pili.

      Nos lo pasamos muy bien, espero que se repita.

      • Gracias, Pili. La verdad es que fue una noche divertida. Y lo que tiene disfrazarse es que disfrutas de la fiesta mucho antes de que esta comience: mientras piensas de que te vas a disfrazar, lo preparas, lo que te ríes cuando te lo vas poniendo y cuando vas viendo a los otros…vamos, que se le saca partido.
        Un abrazo.

  4. Una maravilla, gracias

  5. Enhorabuena, ¡estupendo relato!, muy entrañable. Me han gustaod mucho también las fotografías que lo ilustran tasn originalmente. Muy bien presentado. Saludos.

  6. Impresionantes!!! Felicidades por esas caracterizaciones. Que la magia no duerma nunca.

    • Gracias guapa. Cuando nos veamos ya te comentaré algunos problemillas que tuvimos con mi cara blanca, seguro que nos das algún consejo estupendo.

      Estaré pendiente de tu curso de maquillaje, a ver si puedo asistir.

      Besos. 🙂

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